
"Tomaré cuatro características que, unidas, me parece que forman la base de un carácter ideal: vitalidad, coraje, sensibilidad e inteligencia.
"La vitalidad es una característica fisiológica antes que mental; presumiblemente siempre se asocia a la buena salud, pero tiende a disminuir con el paso del tiempo y gradualmente se reduce a nada en la vejez. En los niños vigorosos alcanza rápidamente su máximo antes de la edad escolar, y luego tiende a ser disminuida por la educación. Donde existe, hay placer de estar vivo, aparte de cualquier circunstancia específicamente placentera. Aumenta los placeres y disminuye el dolor. Hace fácil interesarse en cualquier cosa que ocurra, y así promueve la objetividad, que es esencial para la estabilidad mental. La vitalidad promueve el interés en el mundo exterior; también promueve el poder trabajar duro.
"El coraje tiene varias formas, y todas complejas. La ausencia de miedo es una cosa, y otra el poder de controlar el miedo. Creo que es posible educar a los hombres y mujeres ordinarios de modo que sean capaces de vivir sin miedo. El miedo es extremadamente infeccioso: los niños se lo contagian de los adultos aún cuando éstos no perciban estar transmitiéndolo. La timidez en las madres es rápidamente imitada por los niños a través de la sugestión. En consecuencia, los hombres han pensado que es atractivo que las mujeres estén llenas de terrores irracionales, porque les da la oportunidad de ser sus protectores sin correr riesgo alguno. Pero los hijos de estos hombres recibieron el miedo de sus madres, y luego han tenido que ser entrenados para recuperar un coraje que jamás hubieran perdido de no haber sido que sus padres eligieron despreciar a las mujeres.
"La sensibilidad es, en un sentido, un correctivo para el mero coraje. Un comportamiento valeroso es más fácil para un hombre que ignora el peligro, pero ese coraje suele ser estúpido. No podemos aceptar como satisfactorio un modo de actuar que se basa en la ignorancia o en el olvido. Una definición puramente teórica sería que una persona es emocionalmente sensible cuando muchos estímulos le producen emociones; pero tomada con amplitud esa cualidad no es necesariamente buena. Si la sensibilidad ha de ser buena, las reacciones emocionales deben ser en algún sentido apropiadas: la mera intensidad no basta. La cualidad que tengo en mente es la de ser afectado placenteramente o no por muchas cosas, y por las cosas correctas. Dos extensiones son necesarias: la capacidad de sentir simpatía cuando quien sufre no es objeto de un afecto especial, y la de sentirla cuando se sabe que el sufrimiento simplemente está ocurriendo en algún sitio, sin que haga falta que esté presente.
"Cuando hablo de inteligencia, me refiero al propio conocimiento y a la receptividad al mismo. No hay duda que el término "inteligencia" significa más bien una aptitud para adquirir el conocimiento que el conocimiento ya adquirido, pero no creo que esta aptitud pueda conseguirse sino por el ejercicio. Es posible, por supuesto, impartir información en modos que entrenen para la inteligencia; no sólo es posible, sino que es sencillo, y se hace a menudo. Pero no creo que sea posible entrenar la inteligencia sin impartir información, o sin causar la adquisición de conocimiento. Y sin inteligencia nuestro complejo mundo moderno no podría subsistir; menos aún progresar. Considero que cultivar la inteligencia es uno de los principales propósitos de la educación.
"Una comunidad de hombres y mujeres en posesión de vitalidad, coraje, sensibilidad e inteligencia en los más altos niveles que la educación sea capaz de producir, sería muy diferente de todo lo que hasta aquí ha existido. Muy poca gente sería infeliz. La buena salud sería casi universal, y hasta la vejez podría ser pospuesta. La pobreza, desde la revolución industrial, sólo se debe a la estupidez colectiva. La sensibilidad haría que la gente desee abolirla, la inteligencia les mostraría el modo, y el coraje los guiaría a adoptarlo. Una generación de mujeres desprovistas de miedo transformaría el mundo, trayendo a él una generación de niños sin temores, no retorcidos en formas antinaturales, sino rectos y cándidos, generosos, afectuosos y libres. Su ardor barrería la crueldad y el dolor que soportamos porque somos perezosos, duros de corazón y estúpidos. Es la educación la que produce estas malas cualidades, y es la educación la que nos dará las opuestas. La Educación es la llave hacia el nuevo mundo."
"La vitalidad es una característica fisiológica antes que mental; presumiblemente siempre se asocia a la buena salud, pero tiende a disminuir con el paso del tiempo y gradualmente se reduce a nada en la vejez. En los niños vigorosos alcanza rápidamente su máximo antes de la edad escolar, y luego tiende a ser disminuida por la educación. Donde existe, hay placer de estar vivo, aparte de cualquier circunstancia específicamente placentera. Aumenta los placeres y disminuye el dolor. Hace fácil interesarse en cualquier cosa que ocurra, y así promueve la objetividad, que es esencial para la estabilidad mental. La vitalidad promueve el interés en el mundo exterior; también promueve el poder trabajar duro.
"El coraje tiene varias formas, y todas complejas. La ausencia de miedo es una cosa, y otra el poder de controlar el miedo. Creo que es posible educar a los hombres y mujeres ordinarios de modo que sean capaces de vivir sin miedo. El miedo es extremadamente infeccioso: los niños se lo contagian de los adultos aún cuando éstos no perciban estar transmitiéndolo. La timidez en las madres es rápidamente imitada por los niños a través de la sugestión. En consecuencia, los hombres han pensado que es atractivo que las mujeres estén llenas de terrores irracionales, porque les da la oportunidad de ser sus protectores sin correr riesgo alguno. Pero los hijos de estos hombres recibieron el miedo de sus madres, y luego han tenido que ser entrenados para recuperar un coraje que jamás hubieran perdido de no haber sido que sus padres eligieron despreciar a las mujeres.
"La sensibilidad es, en un sentido, un correctivo para el mero coraje. Un comportamiento valeroso es más fácil para un hombre que ignora el peligro, pero ese coraje suele ser estúpido. No podemos aceptar como satisfactorio un modo de actuar que se basa en la ignorancia o en el olvido. Una definición puramente teórica sería que una persona es emocionalmente sensible cuando muchos estímulos le producen emociones; pero tomada con amplitud esa cualidad no es necesariamente buena. Si la sensibilidad ha de ser buena, las reacciones emocionales deben ser en algún sentido apropiadas: la mera intensidad no basta. La cualidad que tengo en mente es la de ser afectado placenteramente o no por muchas cosas, y por las cosas correctas. Dos extensiones son necesarias: la capacidad de sentir simpatía cuando quien sufre no es objeto de un afecto especial, y la de sentirla cuando se sabe que el sufrimiento simplemente está ocurriendo en algún sitio, sin que haga falta que esté presente.
"Cuando hablo de inteligencia, me refiero al propio conocimiento y a la receptividad al mismo. No hay duda que el término "inteligencia" significa más bien una aptitud para adquirir el conocimiento que el conocimiento ya adquirido, pero no creo que esta aptitud pueda conseguirse sino por el ejercicio. Es posible, por supuesto, impartir información en modos que entrenen para la inteligencia; no sólo es posible, sino que es sencillo, y se hace a menudo. Pero no creo que sea posible entrenar la inteligencia sin impartir información, o sin causar la adquisición de conocimiento. Y sin inteligencia nuestro complejo mundo moderno no podría subsistir; menos aún progresar. Considero que cultivar la inteligencia es uno de los principales propósitos de la educación.
"Una comunidad de hombres y mujeres en posesión de vitalidad, coraje, sensibilidad e inteligencia en los más altos niveles que la educación sea capaz de producir, sería muy diferente de todo lo que hasta aquí ha existido. Muy poca gente sería infeliz. La buena salud sería casi universal, y hasta la vejez podría ser pospuesta. La pobreza, desde la revolución industrial, sólo se debe a la estupidez colectiva. La sensibilidad haría que la gente desee abolirla, la inteligencia les mostraría el modo, y el coraje los guiaría a adoptarlo. Una generación de mujeres desprovistas de miedo transformaría el mundo, trayendo a él una generación de niños sin temores, no retorcidos en formas antinaturales, sino rectos y cándidos, generosos, afectuosos y libres. Su ardor barrería la crueldad y el dolor que soportamos porque somos perezosos, duros de corazón y estúpidos. Es la educación la que produce estas malas cualidades, y es la educación la que nos dará las opuestas. La Educación es la llave hacia el nuevo mundo."
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